En deuda con la sociedad


Cuando alguien que nos representa, no cumple cabalmente con esa representación, sin duda, merecemos cuando menos una explicación.

Mayo 03 del 2011

Los legisladores del PRI, algunos de ellos específicamente, tendrán que explicar tarde que temprano, el monstruoso egoísmo y falta de compromiso, que los llevaron a atentar contra México.

Sí, los diputados priístas afines al gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, son los responsables de que hoy se encuentren “atoradas”, en el Congreso, tres de las reformas más importantes que este país necesita.

El asunto no es menor y cada vez cobra una relevancia mayor, toda vez que los mismos Senadores en la cámara alta, se dieron a la tarea de aprobar el proyecto de Reforma Política que, si bien no es la panacea, sí contiene grandes avances en materia de poder ciudadano.

La Reforma Laboral y la Ley de Seguridad Nacional, ambas de vital trascendencia, ahí están también en la minuta de pendientes de los señores diputados.

Sin embargo, a petición expresa del gobernador Peña Nieto, el coordinador de los legisladores del tricolor en San Lázaro, Francisco Rojas, detuvo la discusión de la Reforma Política y de la Ley de Seguridad Nacional, para incluir una cláusula de gobernabilidad que, hoy por hoy, nadie sabe qué significa ni en qué consiste.

El caso es que, en un momento crucial de definiciones para el país, a los diputados se les ocurre encontrarle “peros” a todo y mandar a la congeladora lo poco que han avanzado en estas materias.

Si bien es cierto que se les terminó el tiempo de su periodo ordinario de sesiones, también lo es que, si hubiera voluntad y compromiso, podrían citar a uno extraordinario, con el fin de cumplir una obligación que tienen con sus representados.

Resulta inexplicable para los ciudadanos esa extraña limitación de tiempos, en la que se ve limitado el interés de la nación, ya de por sí la percepción de la opinión pública los ubica como servidores que trabajan poco y rinden menos, para todavía acrecentar más esta percepción, o confirmarla, como es el caso.

Si ese es su trabajo, si para eso fueron elegidos en sus respectivos distritos, si para eso buscaron representar a la gente de sus comunidades, ¿Por qué entonces, cuando hay materia de su trabajo, de su competencia, buscan pretextos para no hacerlo?

El pasado 27 de abril, ante el pleno del Senado de la República, el Senador chihuahuense Ramón Galindo Noriega, pronunció un discurso para defender su propuesta (que ya había sido eliminada del texto original) de incluir en la Reforma Política, eliminar de la constitución la prohibición que hoy existe para reelegir a los alcaldes.

En la parte central de su discurso, Galindo reclama a sus compañeros legisladores, la falta de sensibilidad, la falta de compromiso y la falta de sensatez al no considerar el elemento más importante de la Reforma Política: el ciudadano.

Me permito transcribir aquí una parte del discurso del Senador Galindo, porque considero que contiene la esencia de este reclamo:

“De manera que hoy pretender, construir una súper estructura cuando no hay cimientos ¡es un engaño! No aguanta un país que no tiene una sociedad fuerte que sostenga cualquier esfuerzo superior para poderle dar la firmeza y solidez que requiere.

 

Por eso es que por más soldados que mandemos a los municipios, por más programas que mandemos a los municipios, por más funcionarios o al mismo presidente de la República que mandemos a los municipios, ¡no avanza el país!

 

Porque el que no está presente ahí es el ciudadano, es la gente, ¡es México! Ese es el que no está

 

Y hoy, que estamos debatiendo una Reforma Política, el elemento más importante es la gente. Gente, que ustedes y yo representamos en el Senado. Representamos a gente en nuestras entidades, que están esperando que vengamos aquí a generar instrumentos que les permitan construirse, y no lo estamos haciendo.

 

Estamos decidiendo centralmente cómo deben de integrarse sus ayuntamientos, no les permitimos que puedan evaluar a sus regidores, no les permitimos que puedan modificar su forma de gobierno local.

 

¿Por qué nos sorprende y nos extraña, pues, que esté pasando lo que pasa en los municipios? No nos debe de extrañar.”

Un discurso fuerte, claro y lleno de una inusual autocrítica como político, que significó una decisión histórica de los senadores, con 60 votos a favor y 26 en contra se aprobó incluir en la Reforma Política la propuesta de Galindo.

¿Y todo para qué? ¿Para que los señores diputados ignoraran por completo este reclamo social de darle más poder y presencia a la gente? Gente a la que ellos también representan pero que parecen ignorar.

Esta actitud de los señores diputados del PRI, regresiva, corporativa y antidemocrática, los pone seriamente en evidencia. Están decididos a detener un gran impulso que no es del Senador Galindo, o el del PAN, o el del PRD, no, es el de una sociedad que exige ser tomada en cuenta.

Pero para los señores legisladores del PRI sólo cuenta una voz, la de su amo Peña Nieto, a quien no conviene la aprobación de las candidaturas ciudadanas que pudieran poner en serio riesgo su tan cuidada candidatura a la presidencia de la República.

Tampoco conviene a Peña Nieto la aprobación de la Reforma Laboral, con todo lo que eso implica para el corporativismo partidista de sindicatos y centrales obreras, que jugarán un papel determinante en su tan ansiada aspiración presidencial. ¿Se vale jugar así con los intereses de todos los mexicanos, tan sólo por el interés de un solo hombre, por legítimo que este sea?

Francisco Ortíz Bello

fcortizb@gmail.com

Ciudad Juárez, Chihuahua

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