Historias no contadas


Los seres humanos debemos aprender de nuestras experiencias para no repetir las terribles historias de sangre y dolor

Mayo 24 del 2011.

Vino el Presidente Calderón a Juárez y, como en otras ocasiones, hasta las voces más acres y críticas matizaron el tono de sus discursos, otras, de plano callaron. El presidente nos dejó buenas noticias.

Y no es que sea negativo y que a todo le esté buscando, pero no sé por qué tengo una extraña sensación de que, si bien las cosas han mejorado y en ese camino seguiremos, aún falta algo en esta sociedad para que esa mejora sea completa y permanente.

Pero creo que este es el momento preciso para recordar esa sentencia, casi premonitoria que dice que debemos de tener cuidado con lo que deseamos, porque se nos puede conceder. Lo más grave que nos pudiera pasar a los juarenses, es que la tan ansiada paz y tranquilidad lleguen y que luego no sepamos qué hacer con ellas.

Las noticias que dejó Felipe Calderón no sólo son buenas por lo que implican por sí mismas, sino por lo que significan en cuanto a nuestro futuro. Por primera vez en sus cinco visitas a esta frontera, se vio al presidente relajado, bromeando incluso.

Y no es que esa actitud presidencial sea importante para los juarenses, o que tenga alguna trascendencia, pero no podemos olvidar que Ciudad Juárez le ha significado grandes contratiempos a Calderón desde tiempos de su precampaña.

Eventos fallidos de campaña en esta ciudad han sido la causa para que, algunos críticos, lleguen incluso a señalar que esa era la causa del desapego presidencial a nuestra ciudad.

Lo cierto es que en la realidad no hay tal desapego, la inversión federal más cuantiosa en la historia de Ciudad Juárez –más de 3 mil 100 millones de pesos- es prueba evidente de que los juarenses y nuestros problemas, estamos en la voluntad presidencial de resolverse.

Sin embargo vuelvo al punto de mi preocupación –que no pesimismo, aclaro- comentada al inicio de esta colaboración, y que surge de la pregunta ¿Y qué sigue?

Ojalá todo terminara con las buenas noticias que, estoy seguro, se vendrán en cascada a partir de esta coyuntura, pero creo que no será así. Esta ciudad, antes de la brutal crisis criminal que vivimos, era otra. Había actividad económica, oportunidades para todos, una paz y tranquilidad relativas pero suficientes para vivir bien. Para vivir muy bien.

Sin embargo, en algún momento de nuestra historia, dejamos ir todo eso. Y digo dejamos, así en plural, porque fue entre todos que dejamos ir la Ciudad Juárez que teníamos, como también será entre todos que la recuperemos. Y como también será entre todos que la conservemos.

Y esa es la preocupación. Surgen en cadena las preguntas una tras otra. ¿Qué va a pasar con Marisol Valles? ¿Qué va a pasar con las más de 40 mil familias juarenses que emigraron a El Paso? ¿Qué va a pasar con los hijos de Marisela Escobedo? ¿Qué va a pasar con los periodistas exiliados en EU y Canadá? ¿Qué va a pasar con los más de 8 mil huérfanos que se calcula han dejado las ejecuciones? ¿Qué va a pasar con la convivencia social? ¿Qué va a pasar con las decenas de calles y fraccionamientos cerrados? ¿Qué va a pasar con nuestros nini´s? ¿Qué va a pasar con cientos y cientos de negocios cerrados? ¿Qué va a pasar con la policía de Juárez? ¿Qué va a pasar con el respeto a la Ley y la impunidad?

Son muchas las preguntas y pocas las respuestas que veo, pero considero de fundamental trascendencia para el futuro de esta ciudad encontrarlas. Más nos vale dejar de preocuparnos por el futuro y empezar a ocuparnos en el presente, a riesgo de que la historia terrorífica se vuelva a repetir, tarde que temprano.

Si los dramáticos hechos de sangre que hemos atestiguado por más de 3 años, han sido una experiencia lo suficientemente aleccionadora como para que deseemos fervientemente no volver a repetirla, habrá que actuar en consecuencia. Pero no sólo los gobiernos, también los ciudadanos.

Cada uno de nosotros somos responsables directos, en la medida de nuestra participación, de lo que sucede en nuestro entorno. Si permitimos que vuelvan a suceder cosas “extrañas” a nuestro alrededor, y no hacemos nada para evitarlas, justificándonos en el pretexto de que es mejor no meterse en problemas mientras no nos afecte directamente, habrá que recordar que lo que hemos vivido nos ha afectado a todos.

Si la sociedad, que somos usted y yo, nuestros amigos, familiares, conocidos, en fin, todos, no comprende que la exigencia a los gobernantes debe ir acompañada de acciones concretas, no habremos aprendido la lección.

Poco a poco con el transcurso del tiempo, nos iremos enterando de miles de historias no contadas que, más allá de lo dramáticas y hasta sangrientas que sean, serán la enseñanza que debemos rescatar, la experiencia que debemos acumular, las historias que debemos de contar una y otra vez hasta el paroxismo del dolor, para que no se vuelvan a repetir.

Los juarenses hemos vivido en un duelo permanente durante tres años, llorando a los muertos, clamando la falta de oportunidades, exigiendo justicia y la aplicación de la Ley, demandando por un empleo o por un mejor salario, pidiendo apoyo y atención. Ese duelo debe terminar.

Igual que se llora hasta el cansancio a un ser querido cuando parte de este mundo, y luego se regresa a la realidad, así también debemos “llorar” todo lo que nuestras ganas hagan posible por lo que hemos padecido, pero luego debemos volver a la realidad y empezar a construir los cimientos de un Juárez diferente, de un Juárez mejor. Sólo nosotros lo podemos construir.

 

fcortizb@gmail.com

Ciudad Juárez, Chihuahua


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