Ni-ni´s militarizados


Se vale descalificar por descalificar? Se vale decir que todo esta mal y no proponer qué esta bien?

Marzo 29 del 2001.

Vaya que causó revuelo no solo localmente, sino a nivel nacional, la propuesta del gobernador César Duarte sobre incorporar al ejército a los jóvenes que ni estudian ni trabajan, al ejército mexicano a través del Servicio Militar.

Durante su gira de trabajo en esta frontera, la semana pasada, como oportunamente lo consignó El Diario, durante la presentación del programa “Juárez Competitivo”, el gobernador habló de su propuesta de incorporar a miles de jóvenes que no estudian, ni trabajan, a actividades sociales a través del servicio militar.

La expuso en el contexto de extrema violencia y criminalidad que se vive en esta frontera, y sobre todo en el contexto de que un porcentaje muy alto de víctimas de esta violencia son, precisamente, jóvenes de entre 15 y 25 años de edad.

El pasado lunes, esta propuesta tomo cuerpo y fue presentada formalmente al Congreso estatal con miras a que los legisladores la revisen, estudien y, en su caso, la aprueben para ser enviada en forma de exhorto al Congreso de la Unión.

Una propuesta que, sin duda, no tiene un camino fácil para recorrer sobre todo en un entorno que, de entrada, no le fue nada favorable.

Curiosamente fue en la Ciudad de México en donde la propuesta de Duarte causó más “ruido”, digamos que fue en donde le encontraron más peros y la homologaron a nivel de ocurrencia, pretendiendo con ello descalificarla.

Lo mismo legisladores de todos los colores partidistas, que periodistas, encontraron en esta propuesta una forma acre de criticar las acciones de gobierno de Cesar Duarte.

Sin embargo algo me sigue incomodando, inquietando, sobre este repentino prurito nacional por criticar una propuesta de solución al tema de la violencia en Ciudad Juárez.

Independientemente del color partidista del político que la hace, es un hecho que si algo necesitamos en Juárez, son propuestas de solución, y no más problemas, esos ya los tenemos casi todos.

Es muy fácil criticar a 2 mil kilómetros de distancia sin sufrir, en carne viva, las consecuencias de más de 7 mil asesinatos violentos en las calles de la ciudad y de más de una decena de intentos fallidos por controlar esa crisis.

Si algo necesitamos los juarenses es que nos digan cómo hacemos para acabar con esta crisis de seguridad, y no cómo no hacerle, eso lo hemos experimentado en todas las formas.

Así de entrada, ese sería un primer posicionamiento que en términos coloquiales pudiera ser algo así como “no me defiendas compadre” o “mucho ayuda el que no estorba”.

Pero más allá de esta consideración un tanto basada en el orgullo y sentido localista, el fondo de la propuesta no está nada descabellado.

Encauzar las vidas de miles de jóvenes que, merced a la desatención social y gubernamental, no tienen otra opción que vagar en las calles y, casi seguro, caer en las garras de los vicios y del crimen organizado, no es asunto menor.

O es eso, o la muerte, o la cárcel. Así de drástico y dramático, pero así de real. Entonces por qué negar a priori la viabilidad de una propuesta que si bien, tiene sus bemoles jurídicos y sociales, estos pueden ser amplia y suficientemente debatidos para encontrar la forma de ser aplicados. O ¿qué? ¿No son soluciones las que queremos?

En el esquema de la propuesta, los jóvenes juarenses tendrían una opción real de realizar alguna actividad productiva y positiva a su ciudad, recibirían por ello alguna paga y además, adquirirían algo de lo que hoy muchos de ellos carecen: disciplina, valores, nacionalismo y conocimientos.

Y ¿por qué no ir más allá? Muchos de ellos podrían aprovechar estos tres años para concluir estudios que han dejado inconclusos, la primaria, la secundaria, la preparatoria, o la certificación en el ejercicio de algún oficio productivo como la albañilería, la plomería o carpintería, por ejemplo.

Entonces, ¿por qué oponerse tan duramente a una propuesta que puede aportar algo positivo a la solución de nuestros problemas?

Será que esa oposición radical y enfermiza tiene que ver con el negativo sentimiento de que las ideas son buenas, pero sólo cuando las propongo yo.

Recientemente se debate en el Congreso de la Unión sobre la Reforma Fiscal propuesta por el Senador Manlio Favio Beltrones, un personaje priísta que no es del agrado de muchos, incluso dentro de su mismo partido, pero al que no podemos negarle un gran sentido de oportunidad al presentar esta propuesta que, en términos generales sería de gran beneficio para cientos de miles de mexicanos.

Sin embargo, dicha propuesta de reforma ha encontrado un gran dique opositor, en la oposición del PAN por supuesto, sólo que lo que llama poderosamente la atención, es que la propuesta de Beltrones, es muy similar a la que durante 5 años presentó Vicente Fox, año con año, y le fue negada por el PRI.

¿Acaso se trata de que cuando lo propongo yo está bien, pero cuando lo propones tú, está mal? Aunque sea la misma idea.

Ya basta de este tipo de actitudes negativas que impiden encontrar soluciones a los grandes problemas que, como sociedad, tenemos. O remamos todos, parejo, o este barco se hunde con todos a bordo.

Francisco Ortíz Bello

fcortizb@gmail.com

Ciudad Juárez, Chihuahua

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