Obligaciones de estado


A quién se dirigen cuando preguntan -y exigen- ¿Si no pueden renuncien?

Abril 28 del 2011.

Todos, desde que nacemos, llegamos a un Estado. Tenemos que obtener un registro de nacimiento y luego, al morir, una acta de defunción. Y en ese ínter pasamos por todo tipo de órdenes, regulaciones y controles administrativos.

Eso es el Estado, dicho así de manera muy simple y entendible. El estado es una realidad, estamos en el estado cuando nacemos, pasando a formar parte de una sociedad humana, asentada en un espacio físico y geográfico (territorio) que le corresponde, que tiene su asentamiento en un lugar fijo, una comunidad estructurada y regida por un orden jurídico que regula las conductas, y este orden jurídico está definido o sancionado por un poder soberano.

Es decir que, a nivel temporal, no hay en ese Estado un nivel más alto, no hay otro poder más alto, que ese poder supremo pero no absoluto constituido en gobierno, que tiene como objetivo central alcanzar el bien común público.

Si a esta ecuación le quitamos uno sólo de estos elementos: sociedad, territorio, orden jurídico, poder, fin; no hay estado.

El Estado puede adoptar distintas formas de gobierno, dependiendo de los intereses y decisiones propios de cada pueblo. Se reconocen dos formas principales de gobierno: la monarquía y la república.

El Estado mexicano se conforma por su territorio, población y gobierno, con sus respectivas leyes y se constituye en una República. De acuerdo con la Constitución Mexicana, el gobierno de México, además de dividirse en tres poderes, debe cumplir tres características principales: ser democrático, representativo y ser Federal (artículo 40° constitucional).

Democrático, porque todos los mexicanos podemos votar y elegir libremente y sin presiones de ningún tipo, a quienes nos gobiernan y representan. Ellos, a su vez, tienen la obligación de gobernar de acuerdo con nuestros intereses y además informarnos acerca de sus acciones.

Representativo, porque la autoridad no la podemos ejercer directamente los más de 110 millones de mexicanos (según cifras del censo del INEGI de 2010). Por esa razón, elegimos a algunas personas como los diputados, los senadores y demás representantes populares para que asuman nuestra voz y ejerzan la autoridad en beneficio del pueblo, que fue quien los eligió.

Federal, porque se integra por 31 estados libres y un Distrito Federal (o entidades federativas) con su propio gobierno, sus propias leyes, un territorio definido y su propia población. Esta asociación jurídica de estados se le conoce como federación o estados federados.

Así pues, el Estado no es un ente invisible y cuasi mágico que nadie ha visto pero al que todos acudimos para una u otra demanda, el Estado somos cada uno de nosotros y nuestros problemas y circunstancias.

Dentro de este esquema de organización social y política, es que nuestros gobiernos tienen ineludibles obligaciones de Estado, es decir para con quienes los eligieron, para hacer cumplir cabalmente este tipo de organización sus fines y  objetivos, lo que se traduce en que su más grande obligación es asegurar el bien común.

En este orden de ideas, no hay valor más grande y trascendente al bien común que la integridad física y emocional de las personas y sus bienes, pertenencias y propiedades, eso es básico, fundamental. Sin eso, no puede haber nada más, incluso ni el Estado mismo, en esta concepción integral que describimos.

Vistas así las cosas, en Chihuahua, en Ciudad Juárez, el Estado no está cumpliendo cabalmente su obligación de garantizar la seguridad y el bienestar de los chihuahuenses. Claro, me refiero otra vez al Estado, como sistema integral de organización política y social, no sólo al gobierno estatal.

Y lo aclaro, porque si no luego habrá funcionarios de este orden de gobierno que me acusarán de utilizar la información de la Constitución Política, con fines políticos para golpetear al gobierno estatal. Sí los hay.

El caso es que, mientras los ciudadanos cumplimos diariamente nuestras obligaciones, el Estado no. Los robos a negocios, casas, de autos, las extorsiones y el pillaje en general en las calles continúa, sin que nadie pueda terminarlo ya de una buena vez.

La seguridad de la comuna, de todos quienes la integran, es precisamente el fin primordial que dio lugar al nacimiento del Estado, como un sistema organizador y regulador de los derechos y garantías de los gobernados.

Sin embargo, hoy, una persona que defiende su integridad y la de los suyos, sus bienes y pertenencias, arriesgando incluso la vida, es detenida y juzgada implacablemente por el sistema de justicia, pero los que se dedican a robar, extorsionar y asesinar, esos no.

El Estado pues, tiene obligaciones ineludibles que no está cumpliendo, pero la sociedad también es parte de ese Estado, y también tiene obligaciones ineludibles que tampoco estamos cumpliendo.

En el ejercicio del mandato que se les entrega a los gobernantes, cuando son electos, no va implícita una patente de Corzo para hacer y deshacer a su gusto, ya es tiempo de que los ciudadanos despierten de ese letargo autoimpuesto y hagamos valer el poder más grande que tenemos: nuestro voto.

Cada uno de nosotros decidimos quién y cómo nos deben gobernar, pero para eso es necesario abandonar la comodidad de la indiferencia y salir a votar, salir a participar en la política y exigir que, quien nos ofreciera, nos cumpla. Así de simple.

Francisco Ortíz Bello

fcortizb@gmail.com

Ciudad Juárez, Chihuahua

 

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