Adiós al poder ciudadano


Noviembre 5, del 2011

Esta semana, el PRI de Moreira, Beltrones, Peña Nieto y Paredes, ha sepultado la esperanza ciudadana de acceder al poder y al control de los políticos en el gobierno.

Esta semana de muertos que recién termina, los legisladores priístas de la Cámara de Diputados, por instrucciones de sus líderes “morales” se encargaron de dar sepultura a nuestras esperanzas de que, por fin, se reconociera en un ordenamiento jurídico, la capacidad de decisión de los ciudadanos en asuntos políticos, como es en cualquier democracia medianamente avanzada.

Primero, usando su mayoría en la Cámara de Diputados retira la reelección inmediata de alcaldes y legisladores, utilizando el tramposo argumento de que esta decisión la debería tomar la ciudadanía mediante una consulta popular.

Así, aprueban la Reforma Política con un artículo transitorio que especifica que se debe realizar una consulta popular para que sea la gente quienes decidan.

Luego, en la figura de la consulta popular dentro de la Reforma Política, introducen candados que la hacen literalmente inviable. Para que una decisión tomada bajo esta figura democrática, sea vinculatoria a la autoridad (es decir que obligue al gobernante a acatar el resultado de la consulta) debe ser solicitada por al menos 1 millón de electores (con credencial de elector) y deben participar en la votación alrededor de 20 millones de ciudadanos votantes. ¡Imposible!

En la discusión de esta propuesta priista, PAN y PRD se oponen a la simulación que el PRI pretende introducir a la legislación electoral, al aprobar una figura como la consulta popular, que después en la práctica será imposible de aplicar.

PAN y PRD deciden no apoyar esta propuesta y el PRI los señala y acusa de ir contra la voluntad ciudadana. ¿Así o más cínicos?

De esta forma, los representantes populares del PRI, traicionando francamente el mandato popular que ostentan, cercenan, mutilan, destruyen, trasquilan el ambicioso proyecto de Reforma, y ampliamente consensuado en la Cámara de Senadores, mismo que fue aprobado por los padres de la patria y enviado para su discusión y aprobación en la Cámara Baja.

Ha quedado evidenciado con toda claridad el maniqueísmo con el que se maneja el PRI, y ese doble discurso con el que pretende engañar a la ciudadanía, acusando a otros de lo que ellos mismos hacen.

Está claro, el PRI no quiere que el pueblo tenga más poder, el PRI no quiere que nadie los vigile y les reste poder, el PRI no quiere convertirse en un partido que reconozca la voluntad popular. El PRI no quiere escuchar a la gente.

Pero tampoco quiere pagar el costo político que significa reconocer abiertamente todas estas premisas, por eso han decidido actuar con el descaro, hipocresía y cinismo con el que siempre lo han hecho. Acusando a sus oponentes de lo que ellos mismos hacen.

El PRI deberá pagar la factura política ante la sociedad, por sus actos de doble moral y de falta de compromiso con la democracia y con la transparencia.

Esta misma semana, también, se dio otro incidente a propósito de las discusiones sobre la aprobación de la Reforma Política en la Cámara de Diputados.

En el salón de plenos se debatía el tema, cuando el diputado federal juarense, Javier Corral Jurado, hizo una interpelación directa al Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de  Diputados, el priísta Emilio Chuayffet Chemor, porque éste último no estaba conduciendo el orden del debate tal y como lo señala el reglamento respectivo.

Esa interpelación de Corral Jurado fue motivo suficiente para que el diputado Chuayffet montara en cólera y, transformado en energúmeno, bajara de su silla presidencial para atizarle a Corral una serie de calificativos y denostaciones del más bajo nivel político. Por lo menos, no del que uno como ciudadano espera de quienes ocupan un espacio en la más alta tribuna de representatividad popular.

Ese es el PRI de siempre. Anti demócrata, autoritario, soberbio, prepotente, excluyente e impositivo. Y Chuayffet lo representa muy bien.

Luego, también en el transcurso de esta semana, el vergonzoso capítulo del ex gobernador Moreira, actual dirigente nacional del PRI, dio tema para las columnas políticas nacionales.

El reconocido analista político y económico, colaborador de esta casa editora y compañero de página editorial, Leo Zuckerman escribió: ¿Por qué se burla Moreira? (El Diario, Opinión, Página 9A, 02-nov-2011).

En su disertación sobre el escándalo de la deuda pública de Coahuila, justo cuando Moreira era el gobernador del estado, Zuckerman reflexiona lo siguiente: “En otro país, un asunto de este tipo ya hubiera significado la renuncia de este político a esta posición clave en el partido que va arriba en las encuestas. Primero por los montos de crecimiento de la deuda en ese estado que nos remite a las épocas en que los presidentes Echeverría y López Portillo endrogaron al país para financiar una francachela populista, deudas que todavía estamos pagando. Y segundo porque el endeudamiento en Coahuila presuntamente se realizó de manera fraudulenta, lo cual es un abuso de poder que debería ser castigado jurídica y políticamente. A final del día, ¿quién es el responsable de este escándalo? ¿Acaso no tuvo nada que ver el entonces gobernador Humberto Moreira?”

Y concluye su artículo señalando: De acuerdo con la (encuesta) publicada ayer en Excélsior, levantada por Ulises Beltrán en octubre, la hipotética candidatura de Peña Nieto a la Presidencia hoy tendría entre 55 y 65 por ciento de las preferencias electorales. Se trata de una victoria apabullante. Sospecho que Moreira se da el lujo de actuar así, mofándose y haciéndose el ofendido, porque cree que nada ni nadie parará al PRI en su carrera hacia Los Pinos; que, por tanto, no hay necesidad de rendirle cuentas a la ciudadanía. Y, nosotros, los votantes, precisamente les estamos mandando ese mensaje a los priístas en las encuestas: que el PRI no debe preocuparse por los abusos de poder de su dirigente nacional.

Ese mismo día, también en este espacio editorial, otro reconocido articulista, periodista y analista político, Raymundo Rivapalacio escribe y se pregunta ¿Cuánto cuesta la cabeza de Moreira?

En su colaboración también hace una reflexión sobre el inexplicable cinismo de este personaje, para permanecer al frente del PRI nacional, a pesar de los severos y muy graves señalamientos que pesan sobre su gestión como gobernador.

Rivapalacio asegura que “En el mejor de los casos, si no es culpable de ello Moreira, (endeudamiento, fraude y falsificación de documentos oficiales) sí es responsable. Si no llega a enfrentar un problema penal, sí está sumido en uno moral, de imagen pública y de maniobrabilidad política”.

Pero nada de esto parece importarles a los señores del PRI que, ante lo abultado de las encuestas, se sienten ya en la silla presidencial del 2012 y están empezando a actuar en consecuencia.

A los priístas no les gusta que los vigilen. Y menos que los cuestionen. Para ellos la autoridad que da el poder, es una patente de Corzo que les permite hacer todo, sin el menor escrúpulo moral, ético o legal.

Por todo eso, han empezado ya a maniobrar, política y socialmente, para “armar” la estructura operativa que requerirán, una vez instalados en la silla presidencial (según sus cálculos), para evitar que algún periodista, ciudadano, organismo civil o cualquiera otra amenaza de este tipo, vaya a tener la mala ocurrencia de pedirles cuentas o, peor aún, transparencia en el manejo de los recursos públicos.

El caso del alcalde de Galeana, en esta entidad, parece venir a comprobar por enésima vez, estas afirmaciones. Un hombre enfermo de poder al que ni las propias autoridades del su partido pudieron meterlo al redil políticamente. Fue necesario el uso de la Ley y encerrarlo en prisión, para quitarlo de la posición de poder que ocupaba.

Por eso, es comprensible (que no justificable) que los legisladores priístas en la Cámara de Diputados en San Lázaro, al mando de Francisco Rojas y de Emilio Chuayffet, hayan dado a la sociedad mexicana este brutal golpe contra la democracia, y en contra del poder ciudadano.

Cuando a usted le pregunten, amable lectora o lector, por qué en México no tenemos reelección consecutiva de alcaldes y legisladores, o la figura democrática de la consulta pública, ya sabe la respuesta. Los amos y señores del PRI no quieren correr ninguna clase de riesgo, por eso se opusieron a que los ciudadanos tengamos forma de fiscalizarlos, pedirles cuentas y exigirles resultados, y es que así…  así de plano, el PRI no puede gobernar. Así, no sabe gobernar.

Francisco Ortíz Bello

fcortizb@gmail.com

Ciudad Juárez, Chihuahua, Noviembre 05 del 2011.

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