La ciudad de la esperanza


Diciembre 12, del 2011

En los días recientes Ciudad Juárez se ha convertido en la ciudad de la esperanza; muchos signos e indicadores visibles parecen coincidir en que hemos entrado en el camino de la recuperación aunque, es necesario decirlo, más por merito de los juarenses que por voluntad de las autoridades.

No bien había terminado de declarar el Gobernador Duarte, en un tono ligeramente presuntuoso, sobre la importante baja en los índices criminales en Juárez, cuando de nueva cuenta hemos caído en días extremadamente violentos, con más de 12 o 13 ejecuciones por día.

Como la ha reportado puntualmente El Diario, también han vuelto las ejecuciones de extrema violencia, con una saña inaudita e inexplicable –aparentemente-, como el asesinato de cuatro personas que viajaban en una ambulancia del IMSS, procedentes de Nuevo Casas Grandes y que trasladaban a un paciente a esta frontera; o bien, el brutal ataque a balazos a cuatro miembros de una familia, incluido un menor de edad, cuando aparentemente buscaban a un testigo de otro atentado en días pasados.

Es decir, a juzgar por los hechos de violencia y criminalidad que se registran en la nota roja, pareciera que no existen motivos para pensar que las cosas van bien o que se enfilan por el rumbo adecuado, sin embargo el ritmo de la vida fronteriza se recupera paulatinamente.

¿En qué me baso para afirmar esto? En la meticulosa y sistemática observación de la rutina diaria de los juarenses, en las charlas con los taxistas, con el bolero, con el parquero, con el dependiente de la tienda, con el ama de casa, con el estudiante. Todos coinciden en lo mismo: la violencia sigue, ahí está, latente, amenazadora, omnipresente, sí, pero hay que seguir la vida.

Los antros y centros de diversión nocturnos han vuelto a ver abarrotados sus lugares, los jóvenes ha vuelto a hacer de la noche su momento para la diversión y la convivencia con los amigos y compañeros; los restaurantes vuelven a tener filas de espera de hasta 30 y 40 minutos, los centros comerciales han vuelto a la vida con sus estacionamientos llenos de autos a tope, y llenos de gente que realiza sus compras navideñas.

En un recorrido por diferentes centros comerciales de la ciudad, durante este fin de semana, pude ver con agrado que la gente está en lo suyo; las compras navideñas, los regalos, la cena. Cada quien a la medida de sus posibilidades, cada quien al tamaño de su bolsillo, pero todos andamos en lo mismo. ¿Y la violencia? Ahí sigue, pero noto que, una gran mayoría de juarenses, hemos decidido pasar el tema a otra prioridad menos importante en nuestras vidas.

De hecho, y analizado en perspectiva, es necesario resaltar que durante los tres años que duró la etapa más fuerte de la criminalidad, entre ejecuciones, secuestros, extorsiones y carjackings, la vida en Juárez continuo. Durante todo ese tiempo muchos juarenses seguimos levantándonos todos los días muy temprano para ir a la escuela, al trabajo, a hacer negocios, a ver gente. Es decir, si bien hubo una sensible baja de la actividad económica de la ciudad, Juárez no murió en estos tres años, y hoy resurge gloriosa de su peor momento de la historia para demostrarle al mundo que los juarenses estamos de pie, vivos y llenos de esperanza.

Pero si los problemas no han terminado, si la violencia y la criminalidad siguen incontenibles, si los casos de abusos, extorsiones y actos de corrupción policiaca se siguen dando aunque ya no hay federales a quien culpar, si todo aparentemente sigue igual ¿qué hace la diferencia entre nuestra actitud de hace un año y la de hoy?

Trataré de hilar un razonamiento analítico y desprovisto de cargas subjetivas, que nos permita explicar, aunque sea parcialmente, esta diametral diferencia de actitudes.

Durante los tres años que sufrimos la creciente ola de inseguridad, la exigencia de los juarenses a sus autoridades de los tres niveles fue una sola: terminar con la inseguridad. Pese a los esfuerzos desarticulados de los diferentes gobiernos, poco se ha podido hacer en ese terreno, aunque se consignan avances importantes, la verdad es que la efectividad del trabajo policial, judicial y de aplicación de la Ley, sigue dejando mucho que desear.

Este hecho llevó a un número importante de empresarios y comerciantes juarenses al cierre de sus negocios o empresas, como una forma de evitar convertirse en víctimas de la delincuencia organizada.
Esta drástica y dramática decisión canceló también un gran número de empleos directos de juarenses que laboraban en esas empresas, con el consecuente impacto negativo en la economía local lo que la puso, técnicamente, en un estado de recesión grave, algo así como cuando un organismo vivo hiberna.

La hibernación es un mecanismo biológico-químico, con el que cuentan algunos seres vivos, que les permite subsistir aun en las condiciones más difíciles y adversas durante el que sus signos vitales, y por ende su consumo energético, se reducen al mínimo posible, no obstante el sujeto sigue vivo.

Así pues, esta especie de “hibernación económica y social” en la que entramos los juarenses a partir de finales del 2009, y que parece haber durado hasta principios de este año, fue una decisión propia que nos permitió mantener los signos vitales mínimos y subsistir a las graves condiciones que vivimos.

Pero, igual que como entramos en ella, por voluntad propia, parece también que hemos decidido salir de la misma, es decir, el orden de prioridades de los juarenses ha cambiado, y no porque la seguridad haya dejado de ser fundamental, sino porque ha cambiado el esquema de necesidades. Antes, la integridad personal, familiar y del patrimonio eran la prioridad número uno, hoy lo es recuperar la capacidad de autosuficiencia y subsistencia, es decir, la prioridad uno es la sobrevivencia misma.

Parece que los juarenses caímos en la cuenta, misteriosamente, de que el estado de hibernación permanente podía llevarnos a la muerte inexorable, por lo que había que cambiar necesariamente el estado y relación de nuestras prioridades.

Entonces pues, ¿tenían razón aquellos que siempre dijeron, y exigieron, que había que dejar de hablar mal de la ciudad y que había que destacar solo bueno? Parcialmente, sí. Me explico.

Dice un axioma de las técnicas motivacionales que “No puedo modificar lo que siento, pero si puedo cambiar lo que pienso”, refiriéndose a la manera en que los seres humanos podemos, a través del razonamiento, transformar nuestras emociones, pensamientos y actitudes en forma positiva, aun en las peores condiciones de adversidad.

Esa parece ser, pues, la reflexión que detonó un importante cambio en la actitud de los juarenses para enfrentar la realidad, un cambio de actitud que nos hizo “crecernos al castigo” para organizar eventos como el de “Juárez Competitiva” que, aun y con todo y sus grandes deficiencias cumplió su objetivo de posicionar a nuestra ciudad en el mundo entero, pero desde otra perspectiva.

En este orden de ideas, no desaparecimos la nota roja de los diarios, ni empezamos una campaña masiva de autoengaño para repetir como pericos que todo estaba bien, no. Simplemente, en forma colectiva e individual, nos decidimos a iniciar una serie de proyectos y actividades enfocadas a mejorar nuestras condiciones de empleo. ¿Faltan empleos? ¡Hay que generarlos! ¿Cómo se hace? Los empresarios saben cómo
.
Y eso nos ha llevado a entrar en una especie de coexistencia –obligada por supuesto- entre la violencia y el esfuerzo cotidiano, entre la inseguridad y los proyectos de largo plazo, entre el temor y la esperanza en la que, al final de cuentas, lo que esta de fondo es lo más importante: nuestra sobrevivencia como juarenses, como seres humanos, con mejor calidad de vida.

No quiere decir que ya no haya nota roja en los periódicos, claro que no, pero sí que le hemos quitado a esa nota roja el amargo que peso que apachurraba nuestras vidas.

La esperanza que hoy percibo en Ciudad Juárez no nos la vino a inyectar nadie ni nada, sino que nace del consenso masivo de que, para vivir hay que estar vivos, y para estar vivos hay que vivir, con todo lo que esa aparente paradoja significa.

Por eso, con el pretexto de las fiestas navideñas, hoy los juarenses hemos salido a tomar de nuevo las calles, los centros comerciales, los cines, las iglesias, los antros, en fin, hemos salido a recuperar nuestras vidas.

 
Francisco Ortíz Bello
fcortizb@gmail.com
Ciudad Juárez, Chihuahua, Diciembre 12 del 2011.

 

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